La especie humana aún conserva una glándula que se remonta genéticamente a las branquias de sus ancestros que vivían en medios acuáticos hace millones de años, según un estudio científico publicado en Gran Bretaña.
Los investigadores británicos del King's College de Londres concluyeron que las paratiroides, glándulas que poseen los seres humanos en el cuello y que regulan los niveles de calcio en la sangre, evolucionaron de las branquias de peces, cuando los ancestros vivían bajo el agua.
Los profesores Anthony Graham y Masataka Okabe indicaron que las branquias de los antepasados del hombre fueron internalizadas —en lugar de perderse— cuando los peces se trasladaron a la tierra y evolucionaron como animales de cuatro patas, los tetrápodos.
En la especie humana, los niveles de calcio son regulados por las glándulas paratiroides, situadas en el cuello.
Esas glándulas segregan hormonas paratiroides si los niveles de calcio en la sangre se reducen. Las hormonas provocan la liberación de calcio de los huesos e incrementan la absorción en los riñones para normalizar los niveles del calcio.
Los peces no poseen glándulas paratiroides, pero en su lugar utilizan las branquias para tomar el calcio del medio acuático en que viven.
"Debido a que las glándulas paratiroides de los tetrápodos y las branquias de los peces contribuyen a la regulación de los niveles de calcio extracelulares, es razonable sugerir que las primeras evolucionaron cuando los animales se transformaron de seres acuáticos en terrestres", declaró el profesor Graham, en un artículo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
"Esta interpretación explicaría también por qué las glándulas paratiroides están ubicadas en el cuello", agregó. (ANSA)
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